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Cómo conseguí vivir de la trompeta sin haber pisado un conservatorio

Aquí va un poco de mi historia personal. Así que, si no te apetece leerla, puedes cerrar este post.

Pero si tienes una actitud de analizar el trasfondo de lo que voy a contarte, quizás puedas sacar una enorme lección hoy de aquí.

Hay muchas personas que me escriben preguntándome verdaderas tonterías por email, por Facebook, Instagram y YouTube. Son personas con mucha ilusión por aprender la trompeta y llegar a dedicarse profesionalmente a ella.

Pero todas ellas cometen un error garrafal (que te desvelaré al final del email).

Eso me ha hecho acordarme de cuando empecé a tocar trompeta con 10 años y cómo ha sido mi camino hasta que conseguí dejar mi trabajo, mi casa y mi familia atrás para dedicarme a mi pasión.

Verás, yo al principio no tenía muy claro que quisiese tocar un instrumento.

Mi padre era quien me insistía (él fue toda su vida batería, clarinetista y cantante. Un gran músico). Gracias a él es que fui a aprender solfeo y, un tiempo después, la trompeta.

En mis primeros años aprendía muy rápido.

No solo porque me lo tomaba en serio, sino porque ya ponía en práctica un gran secreto del que te hablé hace unos días atrás: observar y analizar a los que tocan mejor que yo.

Pronto conseguí entrar en la banda de música de mi pueblo. De ahí, a formar mi charanga y tocar con varias otras. Intentaba estudiar todo lo que podía en casa. Aunque tengo que confesar que, a menudo, me vencía la tentación de soltar los métodos y tocar imitando algunas canciones del maestro Sandoval. Creo que siempre he inspirado en él mi estilo de tocar y mi sonido.

Cuando fui creciendo y me marché fuera a trabajar, tuve una época de mucho bajón porque, de repente, no tenía tiempo para tocar.

Trabajaba como comercial, ganando unos 2.000€ al mes. Pero no era feliz. Así que, aunque me costó, decidí apostar por el sueño que tenía.

A partir de ahí, me fui preparando más y más.

Me tomaba mucho más en serio el estudio y dedicaba de 4 a 6 horas al día a la trompeta. El resultado fue que estuve 3 años trabajando profesionalmente en orquestas.

Eso me permitió conocer mucho más de lleno el panorama musical, y también conocer a personas maravillosas. Después, decidí dejar esa etapa porque, al menos en España, es muy complicado tener un buen estilo de vida siendo músico de orquesta. Trabajas menos de la mitad del año, pero estás practicando y ensayando cada día.

Así que rechacé las 3 ofertas que tenía de otras orquestas y decidí reinventarme.

Y lo que viene después ya no es tan interesante.

La moraleja de esta historia es:

Uno puede llegar hasta donde quiera literalmente, si de verdad arriesga todo por ello. Pero, como dice un sabio proverbio: «Un viaje de mil millas comienza con un primer paso».

Muchos trompetistas se quedan en esos primeros pasos. Se rinden demasiado rápido.Y en lugar de tratar de buscar soluciones por sí mismos, llenan los foros, los vídeos y los grupos de comentarios y preguntas. Tratando de que alguien les dé esa fórmula mágica para avanzar.

Eso sí, sin cambiar ningún hábito en su vida. Disciplina… más bien poca.

Ese es el gran problema de la mayoría de personas que vienen pidiéndome consejos y tips.

Pues eso.

Que si quieres poder dedicarte algún día a lo que te apasiona, sea la trompeta o cualquier otra cosa, tienes que comenzar ya a dar los primeros pasos y ser consciente de que es un camino largo.

Pero un camino que tiene una recompensa.

A partir de ahora quiero que sepas algo.

Si me vienes a preguntar sobre ejercicios, consejos y técnicas para resolver problemas básicos en la trompeta, la única respuesta que te daré será que te dirijas a este enlace y comiences a trabajar:

https://www.aprendetrompeta.com/aprender-trompeta-30-dias

Iván.

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